LA CIUDAD SE CONSTRUYE DESDE EL BARRIO

Por: Sara Calvo @sara_ct

Texto recuperado de: Publico.es

En estos días inciertos en los que vivir pasa por citar a Charles Dickens sobre un púlpito parlamentario -aunque no hayas pasado de la primera línea de su obra Historia de dos ciudades- existen tres barrios de la capital madrileña donde están pasando y pensando cosas desde abajo. Son tres distritos, en realidad, uno al norte, Fuencarral -el distrito más grande de Madrid- y otros dos más al sur, Moratalaz y Retiro.

“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos”, escribió el padre literario de Oliver Twist. Época de oportunidades, un momento en el que puede pasar todo o no pasar nada. Y puede que lo siga siendo, sobre todo para las ciudades donde, desde las instituciones, se piensa en formas de incluir a los vecinos en las decisiones que les afectan. De todo esto tiene mucho el proyecto Experimenta Distrito, una idea pionera que exporta la metodología de trabajo del centro cultural Medialab-Prado hasta los barrios de la ciudad y de la que se prevé su expansión hasta otra ciudades como México o Colombia.

El CSA Playa Gata de Fuencarral, el centro cultural Daoiz y Velarde de Retiro y la biblioteca municipal Miguel Delibes de Moratalaz han sido los tres espacios habilitados para crear estos laboratorios ciudadanos de experimentación y aprendizaje colaborativo que han durado tres fines de semana. Allí las propias vecinas y vecinos han presentado ideas y proyectos para solucionar pequeños y grandes problemas que afectan al barrio y, entre todas y todos han pensado cómo darle solución. Ese ha sido el caso de Rebeca, promotora de una idea que acaba de materializar junto con otros compañeros de Fuencarral. “Pensé hacer una intervención artística en uno de los tres mercados que tenemos en el barrio, en una zona que antes era un poblado dirigido”, donde se vivió uno de esos planes urbanísticos que pretendía absorber el chavolismo en los años 60 con construcciones de bajo coste, relata Celia, otra colaboradora de este proyecto al que llamaron ‘Este es mi barrio’.

Al principio costó convencer a los propietarios de los comercios del mercado: “Sí, notamos cierta desconfianza, nos preguntaban, ¿por qué vais a hacer esto y encima gratis?”, recuerda Coral, otra vecina de Fuencarral. “Una vez que terminamos de pintar y decorar el mercado, el resultado ha gustado mucho”, sigue Guille, otro miembro de Este es mi barrio: “Recuerdo a Mariano, propietario de una carpintería, que no quería que pintáramos la fachada de donde antes tenía su comercio”. Finalmente, dos grafiteros hicieron un boceto que le gustó a Mariano y accedió. Toni se apuntó al proyecto porque, de pequeño, jugaba en ese mercado y hoy pasa todos los días por la puerta. Quería verlo bonito, y vaya si lo han conseguido. “Ha sido curiosa la experiencia y creo que ha servido para que seamos más conscientes de que no siempre hay que esperar que sea el ayuntamiento el que nos lo haga todo”, dice Coral.

En total han sido 26 los proyectos trabajados por más de 200 vecinos de los tres distritos que se apuntaron de forma voluntaria como colaboradores para echar una mano. Los perfiles han sido muy variados. María Jesús, por ejemplo, ha llevado hasta Retiro su propuesta de crear, con material reciclado, unos paneles que ayuden a trabajar la movilidad de las personas con algún tipo de dificultad psicomotriz y que podrían ponerse en parques y espacios públicos. Su aprendizaje, según cuenta a Público, ha sido comprender que este tipo de proyectos crean barrio, fomentan el trabajo en red “y nos sirven para conocer a otras personas que habitan el mismo barrio que yo”.

Bea, junto a otros vecinos, ha ayudado a Manuel en la tarea de hacer más accesibles las paradas de autobuses de Fuencarral: “Experimenta Distrito nos ha enseñado que, a base de presión social, los de arriba actúan”, y asegura que se apuntó para contribuir a igualar la calidad de vida de todas las personas, vayan a pie, con carros de la compra o sentadas en una silla de ruedas. Patricia, en cambio, quiso hacer visible una agresión homófoba que ocurrió en el parque del Retiro en el año 94 a través de una instalación en un árbol que recopila historias de violencia contra el colectivo gay en la ciudad de Madrid. “Esa agresión nos sirvió como punto de partida” -explica Rodrigo, otro colaborador del proyecto- “para crear unas pegatinas que señalicen lugares de agresiones y crear una especie de dispositivo de denuncia que se mueva por redes sociales”.

A Jesús se le ocurrió darle otro uso a las cabinas telefónicas y convertirlas en un punto de intercambio de libros; Roberto, por su parte, quiere poner en marcha en Moratalaz un mercadillo de intercambio de objetos de segunda mano. También hay una radio comunitaria, una red de apoyo y cuidados entre los vecinos o un juego para programar luces y chorros de agua en la fuente que corona la entrada al centro cultural Daoiz y Velarde, en el distrito de Retiro. Ese centro cultural era, en los años de la dictadura franquista, un cuartel general. En su puerta vendían los militares los mendrugos de pan que les sobraban y contribuían a alimentar la creciente economía de estraperlo que daba de comer a muchas familias que vivían cerca de la calle Atocha.

La idea de estos laboratorios donde se cuecen, se comparten y se prototipan ideas parte de un proyecto piloto realizado en el distrito de Villaverde el año pasado con el objetivo de trabajar la proximidad y la descentralización. “Queremos reconocer otro tipo de perfiles que no hacen uso de Medialab-Prado y no vienen hasta aquí a proponer sus iniciativas”, resume Lorena Ruiz, una de las promotoras de Experimenta Distrito. Así nace esta red de laboratorios ciudadanos descentralizados que tratan de poner “un Medialab en cada barrio que sirva para hacer comunidad, para crear en compañía de otros y poner en común saberes diversos”. Lorena lamenta que precisamente falten lugares en nuestras ciudades “donde podamos juntarnos con otros para hacer cosas, en los que no existan barreras como tener que llegar a un resultado claro o una idea cerrada”.

Uno de los grandes interrogantes es saber qué pasa con los proyectos una vez que terminan los laboratorios. “En Experimenta Distrito lo importante no es el momento del taller sino lo que sucede antes y lo que pasa después, cuando se apagan las luces y nos vamos de allí, y quedan los vecinos. Es interesante ver qué ocurre con todas las expectativas, con el trabajo que han invertido, también con los afectos y los lazos que han surgido entre ellos”. Lo que importa es el camino, el proceso, nadie pide un resultado final, solo quizá un prototipo, una reflexión, un aprendizaje, que expusieron ante el público de forma simultánea en los tres distritos el pasado domingo. “En el caso de la experiencia que tuvimos en Villaverde sí trascendió, por ejemplo, un grupo de trabajo que se inventó una obra de teatro con guiñoles construidos por ellos que contaba la historia del barrio”, una propuesta promovida desde un centro psicosocial del distrito.

Las ciudades son como las personas: están vivas. Es lo que creía Jane Jacobs, activista y pensadora urbanista que apostó por el desarrollo de los barrios por y para las personas que los habitan. Ellas son las que construyen su historia, y precisamente, Cristina, Helena, David, Álvaro y Victoria, han querido servir de altavoz a esas pequeñas anécdotas que han marcado a los habitantes de su distrito en un panel interactivo que recoge y expande vidas como las de ‘El Ventana’ -el padre del bailaor Antonio Gades-, que fue un portero de un edificio de Retiro al que intentaron fusilar, por ser republicano, pero el tiro de gracia no lo mató, solo le rozó el ojo, que desde entonces llevaba siempre tapado.

Las historias de los barrios solo se entienden de delante hacia atrás en el tiempo pero, mientras, el presente se construye a base del ensayo-error de los verdaderos protagonistas de las ciudades, que son los que dan vida a sus barrios. Lo resume bien la filósofa Marina Garcés: “Experimentar y compartir el sentido de una idea, exponerse a un fracaso, atreverse a hacerla funcionar sin controlar sus consecuencias es hoy un ejercicio de resistencia”.